


Durante años sentí que vivía una vida que no había elegido. Una vida que “me había tocado” y que no se parecía en nada a la que deseaba. Esa sensación de incomprensión y soledad me llevó a hacer lo más valiente que podía hacer: mirar hacia adentro.
Empecé estudiando mis emociones con terapia gestáltica, hasta que encontré la PNL y descubrí que la mente no solo se observa… se entrena. Me volví experta en transformación interna, manifestación y cambio de identidad. Fue la metafísica la que terminó de unir todas las piezas: lo espiritual, lo mental, lo energético y lo humano. Ahí comprendí cómo funciona la realidad a nivel profundo y cómo crear resultados desde la coherencia energética.

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